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martes, 27 de marzo de 2007

Entschuldigung

La semana pasada no posteé demasiado. Estuve en Viena con mi mejor amigo, Santi (aunque lo de mejor amigo suene a adolescente, pero, leñe, es que lo es!).

Solo estuvimos de jueves a domingo, pero nos ha cundido un huevo. Museítos y rollo cultural in the mornings, siestecita y cachondeo hasta altas horas de la noche. Lástima de tiempo. Nos llovió casi todo el rato, y eso que por lo visto había hecho un sol de justicia la semana anterior...

Quitando el habernos olvidado las katiuskas, el único punto negativo ha sido el idioma. Que soy un negado para el alemán, vaya. Uno, que es muy educado, lo primero que intentó aprender (después del básico "no hablo alemán", que viene a pronunciarse "ij spreje nij doitch") fue el disculparse. Tardé 3 días en aprender y acordarme cómo se dice "perdón": Entschuldigung. 14 letras. 10 de ellas consonantes. Evidentemente desistí.

Se nota que Viena fue una ciudad imperial. Los edificios son inmensos y solemnes. Palacios, casas señoriales por todas partes. Uno de los monumentos más importantes, la catedral en Stephansplatz (aquí a la derecha, tras mi cuerpo serrano), me hizo acordarme de Los pilares de la tierra, ese gran best-seller de Ken Follett.

La gente es muy agradable en general. Esperando el tranvía un tio nos preguntó la hora y nos estuvo dando palique durante 10 minutos. Allí evidentemente los guiris somos nosotros, y se nota. Pero rara vez es para lo malo.

Visitamos el museo de Historia del Arte, con una gran colección de Rubens, Tintoretto, Caravaggio, algún Velázquez, restos egipcios y grecorromanos... Y en el palacio de Belvedere vimos una exposición muy interesante de Klimt, con El Beso como reclamo principal.

Despues de las mañanas culteretillas, comiamos, nos dábamos una vuelta por la ciudad a ver más edificios, como la iglesia se San Carlos Borromeo (esta vez pueden verla a la izquierda, damas y caballeros). Y generalmente nos recogiamos en el hotel a descansar un poquillo y prepararnos para vivir la noche vienesa.

Viena no es Madrid, eso está claro, pero aun así tiene bastante ambiente nocturno, aunque se recogen antes. La primera noche fuimos a Bijou, lo que parecía ser un restaurante oriental reciclado en bar de copas. Decoración exagerada (con mención especial al Buda Feliz, derecha again) y no mucha gente para ser un jueves. Música electrónica chulilla.

Al día siguiente fuimos a Why Not, la disco gay por excelencia de la ciudad. Muy buen rollito y éxitos de los 70 y 80 para desmelenarse y pasarselo de puta madre. Allí un fotógrafo nos sacó con Carlo, un italiano que conocimos, para colgar la foto en una web de fotos de fiestas. Nos pusieron en portada. Esta claro que allí lo mediterráneo triunfa!!

La última noche fuimos a la fiesta de la inauguración de la primavera en una asociación lésbica. Gente joven, buen rollo... y nuestro amigo el fotógrafo de nuevo. Sacándonos también en portada!!! Esta vez con Rainer, un austriaco con el que hice buenas migas. Definitivamente hay que volver a Viena!!

La vuelta fue un poco dura, sobre todo por una escala de 7 horas en Bruselas. Como no nos podíamos quedar en el aeropuerto, nos vimos obligados a salir de nuevo. Bruselas los domingos tiene una marcha increible! Bastante más canalla y pasada que Viena. Con un encanto diferente.

Y a primera hora de la mañana de vuelta a Madrid. Solo 4 días, pero muy intensos y bien aprovechados. Con el mejor guía y amigo que tengo la suerte de tener.